martes, 30 de septiembre de 2014

Laboral Ciudad de la Cultura (Gijón)



 Concebido en principio como orfanato minero y transformado en el tiempo de su construcción en Universidad Laboral, el edificio de Luis Moya fue pensado como una gran ciudad ideal autárquica y cerrada sobre sí misma, que disponía incluso de una granja de 100 hectáreas y estaba preparada para formar a generaciones de hijos de obreros como profesionales altamente cualificados.
 Construida según los ideales de la arquitectura clasicista, el centro de esta ciudad ideal sería la gran plaza central, alrededor de la cual se disponen la magnífica Iglesia, la Torre, el Teatro y los edificios de dirección. En torno a ese auténtico corazón monumental de la ciudad, se despliegan el resto de dependencias, entre las que destacan las naves diáfanas construidas para talleres de formación profesional.
 El conjunto de edificios comenzó a construirse en 1948 y las obras continuaron durante años hasta ser bruscamente detenidas en 1957, a raíz del cese fulminante del Ministro de Trabajo José Antonio Girón, principal impulsor de las universidades laborales españolas.  
 Inacabada y rodeada de legendarias historias, la mole de la Universidad Laboral de Gijón vivió casi medio siglo entre el incondicional entusiasmo afectivo de quienes la habitaban y la incomprensión o el abierto rechazo de quienes la observaban desde fuera desmesurada o extemporánea.
 En los años ochenta, la Universidad Laboral pasa a formar parte del Instituto Nacional de Enseñanzas Integradas y buena parte de las instalaciones queda sin uso, sometida a un proceso imparable de abandono y deterioro hasta que en 2001 el Gobierno del Principado de Asturias se hace cargo del edificio y comienza por diseñar un ambicioso plan de usos para insuflar nueva vida a la infrautilizada ciudad ideal de Moya. Se decide renovar un espacio de gran complejidad consolidando sus funciones formativas y creando nuevos usos complementarios. Se concibe entonces sobreponer a la ciudad ideal de Moya una idea de ciudad nueva, un centro de producción cultural y creativa del siglo XXI, con espacios para aprender y enseñar; para ver, oír y consumir productos culturales; para compartir redes, intercambiar conocimiento y comunicar ideas. Ese plan de usos definido fue el que determinó una intervención integral en un edificio complejo y de escala monumental, con sus 130.000 metros cuadrados.
 Objeto de toda clase de contrapuestas lecturas políticas, artísticas e ideológicas, la ciudad ideal ha superado todas las contradicciones hasta llegar al siglo XXI como lo que siempre fue: un magnífico y singular discurso de puros valores arquitectónicos. 
 Como Rafael Moneo ha escrito, refiriéndose al conjunto de la obra de Luis Moya, "ahora, al desprendernos de lo circunstancial, la miramos con otros ojos, ojos que no excluyen el sobresalto, el que produce aquello que por menos conocido parece anómalo y al que siempre acompaña, sin embargo, un difuso sentimiento en el que se entrecruzan simpatía y respeto".


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