jueves, 14 de agosto de 2014

Mosteiro e Fervenza de Toxosoutos



 En el concello de Lousame, a un poco más de un kilómetro de los límites del municipio de Noia existe un fantástico ejemplo de unión entre arte, naturaleza e historia. Se trata de la ubicación de la Iglesia San Xusto de Toxosoutos o Toxo Soutos que en su día fue un esplendoroso monasterio. 
 Esta se levanta a los pies del Río San Xusto, afluente del Sóñora o Traba que desemboca en la Ría de Noia. 
 En este lugar se encontraba una ermita románica en el siglo XII dedicada a San Xusto y San Pastor. 
 Se sabe, que entre los años 1129 y 1133, un tal Pedro Crescón, monje de San Paio de Alteares, la donó o vendió a los caballeros Froylán Alonso y Pedro Muñiz de Carnota para retirarse de su vida militar y acogerse a la regla benedictina. Estos pertenecían a la corte de Alfonso VII lo que les valió rápidas concesiones por parte de este y del Obispo Xelmírez. 
 Pronto tendría posesiones por gran parte de Galicia e incluso en otras provincias fuera de Galicia, como en Zamora y alguna en Portugal (Paredes). En los años posteriores sus posesiones fueron creciendo convirtiéndose en uno de los monasterios con más riqueza de Galicia. 
 Esta enorme cantidad de posesiones tan alejadas hizo necesario la formación de prioratos que se encargaran de su administración.
 En el siglo XIV el monasterio fue perdiendo fuerza debido a las presiones nobiliarias y eclesiásticas que suspiraban por las riquezas de Toxosoutos.
 En 1504 se anexionó al Monasterio de Sobrado dos Monxes y pasó a la orden cisterciense. Con este cambio sus posesiones restantes pasaron a engrosar las riquezas del monasterio de Sobrado.   
 Siglos después la invasión francesa y la famosa desamortización de 1835, llevaron al monasterio al abandono. La grandeza de sus días quedó convertida en ruina y destrucción. Lo que quedaba del antiguo monasterio fue vendido a particulares por lo que en el lugar prácticamente no quedó nada. 
 Un ejemplo de esta pérdida fue la venta por parte del párroco, en 1921, del hermoso claustro románico al Vizconde de San Alberto (José Varela de Limia) para incluirlo en el interior del Pazo Pena Douro, en Noia. La operación le costó al Vizconde 2.000 pesetas que sirvieron para costear diversas obras de la iglesia parroquial. La operación contó con el beneplácito del arzobispado de Compostela.
 Hoy el lugar es un espléndido rincón rodeado de naturaleza donde sobreviven unos pocos restos del antiguo cenobio. Existen unas pocas dependencias rehabilitadas, el centro está ocupado por la sobria iglesia parroquial barroca del siglo XVIII que tiene un gran torreón adosado a la izquierda de la fachada. 

 El río San Xusto forma en este lugar un espectáculo único en forma de fervenzas y rápidos destacando por su grandeza una de ellas que salta en vertical unos 6 m. de altura. 
 La zona está acondicionada con diversos senderos con pasarelas de madera para observar el fantástico espectáculo. 
 

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