jueves, 24 de julio de 2014

Santiago de Compostela



 Cuenta la tradición que en el noroeste de España estuvo el Apóstol Santiago, como llamamos los españoles a Jacob el hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Evangelista.
 Según las confusas narraciones de los primeros años de la cristiandad a él le fueron adjudicadas las tierras españolas para predicar el Evangelio, y en esta tarea llegó hasta la desembocadura del río Ulla con poco éxito y escaso número de discípulos, por lo que decidió volver a Jerusalén.
 Cuando regresó a Palestina, en el año 44, fue torturado y decapitado por Herodes Agripa y se prohibió que fuese enterrado. Sin embargo sus discípulos, en secreto, durante la noche trasladaron su cuerpo hasta la orilla del mar, donde encontraron una barca preparada para navegar pero sin tripulación. Allí depositaron en un sepulcro de mármol el cuerpo del apóstol que llegaría tras la travesía marítima, remontando el río Ulla hasta el puerto romano de Iria Flavia, la capital de la Galicia romana. Allí enterraron su cuerpo en un “compostum” o cementerio en el cercano bosque de “Liberum Donum”, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol.
 Tras las persecuciones y prohibiciones de visitar el lugar, se olvidó la existencia del mismo, hasta que en el año 813 el eremita Pelayo observó resplandores y oyó cánticos en el lugar. En base a este suceso se llamaría al lugar “Campus Stellae”, o Campo de la Estrella, de donde derivaría al actual nombre de Compostela.
 El eremita advirtió al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la lápida. Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. 

 A partir de esta declaración oficial los milagros y apariciones se repetirían en el lugar, dando lugar a numerosas historias y leyendas destinadas a infundir valor a los guerreros que luchaban contra los avances del Islam y a los peregrinos que poco a poco iban trazando el Camino de Santiago.
 Una de ellas narra como Ramiro I, en la batalla de Clavijo, venció a las tropas de Abderramán II ayudado por un jinete sobre un caballo blanco que luchaba a su lado y que resultó ser el Apóstol Santiago. A partir de entonces surgió el mito que lo convirtió en patrón de la reconquista.
 A partir del siglo XI Santiago ejerció una fuerte atracción sobre el cristianismo europeo y fue centro de peregrinación multitudinaria, al que acudieron reyes, príncipes y santos.
 En los siglos XII y XIII, época en que se escribió el "Códice Calixtino"; primera guía del peregrino, la ciudad alcanzó su máximo esplendor. El Papa Calixto II concedió a la Iglesia Compostelana el "Jubileo Pleno del Año Santo" y Alejandro III lo declaró perpetuo, convirtiéndose Santiago de Compostela en Ciudad Santa junto a Jerusalén y Roma. 


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